Colectivo Digital Creativo

Archive for the ‘Artículos’ Category

La nueva fiebre del oro

In Artículos, Arte, Ilustración, Opinión on 22/12/2011 at 17:41

La nueva fiebre del oro:
Una comparación entre la economía del siglo XXI y la economía precolombina.

Por Simon Ross-Gill, traducción de Pedro Chincoa.

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Ilustración de Juan Javier Salazar

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¿Cómo sobrevivir al determinismo?

In A fondo, Artículos, Educación, Fotografía on 25/12/2010 at 00:20

Reportaje de Veracr

¿Tiene sentido la educación convencional y normalizada en todos los estratos y ambientes sociales?  ¿Se puede educar de la misma manera en cualquier contexto social? ¿Cuál es el objetivo de la educación en una zona marginal?

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La irrealizabilidad de Utopía

In Arquitectura, Artículos, Arte, micro Críticas on 04/12/2010 at 13:55

Utopía, el sitio bueno, el lugar de verdad, el verdadero lugar, el no ha lugar. Según Baudrillard, la utopía realizada es desesperación (quedarse sin nada que esperar), estar atrapados sin salida, cuando carecemos antropológicamente de lo posible, cuando nos falta lo más necesario. Es constitutivo de la definición de utopía su NO REALIZABILIDAD.[1].


Demolición de los bloques Pruitt-Igoe, 15 de julio de 1972 a las 3:32 de la tarde. Minoru Yamasaki. Música de Erik Satie, Trois gymnopedies.

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Holocáustica, neorrabia y otras formas extraordinarias del subterráneo

In Artículos, micro Críticas on 12/10/2010 at 21:04

 

Jabato, Javier. Caín o la literatura del odio

 Bohodón Ediciones, Madrid, 2009. 

 

” ¡Ah, raza de Abel, tu carroña/ engordará el suelo humeante!/ Raza de Caín, tu tarea/ no está hecha suficientemente”.

Charles Baudelaire

 

Hace unos meses descubrí, a través de unos amigos, la obra de Javier Jabato, escritor joven e irreverente, demencial y lumpetario, autor reconocible que, probablemente, ya desde la infancia, incubara un atrevimiento insoslayable hacia las letras, desafiándolas, hundiéndose en ellas a partir de extrañas letanías que invocan y reivindican la presencia real de Caín en el proceso histórico que invariablemente nos roe las entrañas.

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“Oh just take it or leave it/And take it or leave it”

In Artículos, Música on 10/09/2010 at 01:05

Is this it, de The Strokes

The Strokes es una banda neoyorquina que, en el año 2001, lanzó al mercado este Is this it. Un disco deudor de los ritmos de la Velvet Underground, Television y el John Lennon de Plastic Ono Band (disco de referencia para el grupo, según su guitarrista), entre otros. Un disco de sonido garajero, brusco, distorsionado, que encumbró a la banda y propició la aparición de decenas de grupos que practicaban esta clase de pop con toques del rock más desaliñado.

A lo largo de las once canciones que lo componen, el grupo despliega sus dotes y ofrecen temas más o menos sombríos, más o menos rápidos, más o menos limpios. Abre el disco Is this it, tema con el que descubrimos la adormilada pero potente voz de Julian Casablancas y el buen hacer de sus compañeros; y los hallazgos continúan a lo largo del disco. Podemos destacar varias canciones en las que el grupo se muestra especialmente brillante como pueden ser Alone, together; Last Nite, New York City Cops (censurada en 2001 por “respeto” a los policías caídos en los atentados del 11-S), Trying your luck (con la voz de Casablancas oscilando, más que nunca, entre la suavidad y el desgarro) o Take it or leave it (con los Strokes más rítmicos y desatados y en la que Julian, definitivamente, desgarra su voz).

El álbum que nos anunció con más fuerza, a comienzos de milenio, a los Franz Ferdinand, a los Libertines, a los Jet, a los Kaiser Chiefs, a los Killers, a los Arctic Monkeys, a los Interpol y demás grupos del nuevo indie. Aunque sólo sea por eso (que no lo es), merece la pena escucharlo.

Where is my mind?/Way out in the water/see it swimmin’

In Artículos, Música on 13/08/2010 at 14:40

Surfer Rosa, de Pixies

Surfer Rosa fue, allá por el año 1988, el debut de los Pixies, una banda americana que nació en Boston y que ya se había puesto en el mapa de la música con su EP Come on Pilgrim, publicado en 1987. Surfer Rosa fue su confirmación.

Si algo caracteriza a este debut es el particular sonido de sus 13 canciones: un sonido árido, sucio, brusco, mezclado con melodías propias del pop. El responsable de que el grupo optara por darle esa forma a sus canciones fue el productor Steve Albini, productor posteriormente muy reclamado entre los artistas independientes conocidos y desconocidos de América, aficionado a experimentar en el estudio y especialista en dotar de personalidad propia al sonido de los trabajos que produce.

Si a este particular sonido que hace que parezca que el disco está a punto de explotar se le suma la desquiciada voz de Black Francis aullando letras de inspiración bíblica (según afirmaba él mismo) sobre el voyeurismo, la mutilación, el sexo, los superhéroes, la inestabilidad mental, etc. tenemos esta obra maestra bien recibida por la crítica, aunque con escasa atención, al principio, del público, que acabó por convertirse en referente para toda una generación.

Desde Kurt Cobain a PJ Harvey pasando por Billy Corgan, muchos rockeros coinciden en la importancia del debut de los Pixies en sus respectivas carreras, llegando a trabajar algunos de ellos con Steve Albini para lograr un sonido similar en sus composiciones.

Himnos como Where is my mind?, Gigantic o Vamos, quedan grabados ya en los recuerdos de millones de aficionados al rock.

Las Vulpess – Me gusta ser una zorra (en Caja de Ritmos)

In Artículos, Música on 06/08/2010 at 13:34

Los años ochenta en España fueron años de gran creatividad en el cine, la literatura, la pintura y, por supuesto, la música. Todos los estilos que habían marcado época más allá de nuestras fronteras llegaron, de golpe, a la naciente democracia, entremezclándose y descubriendo un mundo nuevo a millones de personas.

El punk, por supuesto, tuvo cabida en este estallido de estilos con grupos como La Polla Records o Eskorbuto; aunque, uno de los momentos cumbre del movimiento en España corresponde a un grupo de chicas que se hacían llamar Las Vulpess (zorras, en latín) y que venían, como los grupos antes mencionados, del País Vasco.

Fue en el año 1983, en el programa Caja de Ritmos, dirigido por Carlos Tena. Las Vulpess, ataviadas con prendas rotas y peinados desastrados, versionaron el I wanna be your dog, de los Stooges, cambiando la letra por otra todavía más sucia y provocadora.

El resultado fue la protesta de los sectores más conservadores de la sociedad española, capitaneados por el diario ABC y el Partido Demócrata Popular, que exigían la toma de medidas por parte de la dirección de Televisión Española por semejante provocación. La cosa llegó hasta la Fiscalía General del Estado, que presentó una querella por escándalo público. Carlos Tena, finalmente, se vio obligado a dimitir y a cerrar su Caja de Ritmos; y la actuación de Las Vulpess pasó, así, a formar parte de la Historia.

¿Aunque nos pese?

In Artículos on 29/07/2010 at 06:47

No sabía que mi gusto por la violencia tuviera límites, a decir verdad, jamás me lo había preguntado. Sólo tecleaba palabradas de odio en los buscadores para devorar litros de sangre y violencia en el monitor de la computadora. No importaba si eran fotografías de nota roja -como los crímenes de barrio o los que socarronamente llaman pasionales-, tampoco si las imágenes eran la suma de errores entre alcohol, automóviles y mujeres. Yo quería sangre y la conseguía al instante.

Nunca sentí asco, ni compasión, ni empatía. Entre más cruda fuera la secuencia de fotogramas, mi ritmo cardíaco se aceleraba, pero al mismo tiempo transpiraba temor y angustia. Nadie quiere salir de una cantina para tropezar con cabezas humanas; creo que todos bebemos con los amigos para sincerarnos, reír, burlarnos de las torpezas del día, pero nadie va a tomarse unos tragos para que lo rafagueen, o en todo caso lo levanten.* Nadie, ni los imbéciles que disfrutan de la violencia a través de una pantalla de cristal líquido.

Sólo un par de veces he tenido un arma entre las manos; probablemente cualquier sicario se ría de mis descripciones, pero es innegable el poder que desprende, las malditas palpitaciones, la adrenalina en estado puro. Es imposible contener los deseos de disparar y acertar en un blanco, cualquiera que éste sea. De un momento a otro las escenas de tiroteos me asaltan y estúpidamente comienzo a posar como los actores gringos, me doy cuenta del nivel de mediocridad que tengo, pero que va, a nadie le debe importar, yo tengo el poder calibre 45 en las manos. De ahora en adelante yo mando.

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La destrucción también es creación (del vacío)

In Artículos, Arte, Fotografía, Poemas on 26/07/2010 at 14:04

Foto: Mattias Frille-Pedro Chincoa

(Tributo al poema “La canción del traficante de marihuana” de LMP)

Cuatro números malditos para Leopoldo María Panero. Cuatro números en recuerdo del dadaísmo, movimiento artístico que se lanza contra los fundamentos mismos del pensamiento, poniendo en duda el lenguaje, la coherencia y las formas de expresión artística de la Europa posterior a la Gran Guerra. Las palabras se convierten en gritos y aullidos, se prefieren los objetos encontrados casualmente, los desechos. Se rompen todas las reglas con la idea de empezar de nuevo.

La autocontemplación, junto a la  autodestrucción, es una de las constantes en la obra de LM Panero.  La etiqueta de malditismo que inevitablemente le acompaña desde su aparición en la escena pública ha condicionado la aproximación a su poesía, ensombreciendo, cuando no borrando, la carga de profundidad que su propuesta implica para la literatura como práctica social y como imagen institucional.

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Creéis que todo tiene un límite/así estáis todos, limitados

In Artículos, Música on 23/07/2010 at 12:46

Anti todo, de Eskorbuto

1980. País Vasco. En medio de un panorama desolador que incluye las secuelas de la crisis del petróleo de 1973, el impacto de la profunda reconversión industrial, la creciente adicción a las drogas duras, el intento de golpe de Estado por parte de Francisco Tejero, la dureza del terrorismo nacionalista (ETA, Comandos Autónomos Anticapitalistas), los métodos ilegales del Gobierno para detener la violencia política en Euskadi (GAL) y las consecuencias de la Guerra Fría, surgió un grupo llamado Eskorbuto, que daría que hablar. Aunque no fue hasta 1986, con el disco que nos ocupa, cuando se convirtió en un referente del punk.

Eskorbuto nunca se quiso casar con nadie: no defendieron ninguna ideología concreta, no quisieron sumarse a al movimiento del Rock Radikal Vasco, criticaron a la izquierda abertzale, se les aplicó la ley antiterrorista, se encararon con la monarquía, sus miembros portaban esvásticas en los conciertos, rechazaron los nacionalismos vasco y español, etc. Digamos que se convirtieron en un grano en el culo de la naciente democracia.

En Anti todo desplegaron toda su fuerza. En unos escasos 30 minutos, el grupo lanza un ataque nihilista y desesperanzado contra la vida y contra el decadente “Estado del Bienestar” en el que viven, sacando a la luz las miserias de ambos.

Desde el principio, con Historia triste, podemos percibir el profundo pesimismo que atraviesa el disco y que alcanza su cumbre en Cerebros destruidos, podemos percibir el miedo y la amarga desconfianza en el ser humano (Anti todo; Ha llegado el momento), aunque el grupo haga alguna concesión a la ironía y al gamberrismo (Mata la música; Tamara).

Estas canciones-esputo, grabadas en apenas un día, con el estilo desastrado y heterodoxo propio del punk, son ya himnos para los admiradores de la música y nos dejan versos para el recuerdo como el que titula esta opinión. Su escucha, en una época al borde del abismo como la actual, debería ser obligatoria.