Colectivo Digital Creativo

La nueva fiebre del oro

In Artículos, Arte, Ilustración, Opinión on 22/12/2011 at 17:41

La nueva fiebre del oro:
Una comparación entre la economía del siglo XXI y la economía precolombina.

Por Simon Ross-Gill, traducción de Pedro Chincoa.

Find the original article in English beneath the Spanish text

Ilustración de Juan Javier Salazar

Con la actual presión sobre las monedas modernas como medio de negocio, el riesgo de una recesión y la escasez de crédito, el precio del oro ha subido como un proyectil, alcanzando su punto más alto enn los  $2000 por onza. De esta forma, el fondo de finanzas, los bancos y monedas, junto con los negocios, se han dado prisa en aumentar sus fondos de oro,  respondiendo a una lógica continua de la especulacion que a su vez aumenta progresivamente el valor del oro.

Esta situación en torno al valor del oro ha propiciado consecuencias devastadoras en algunas partes del mundo. Por ejemplo, en el caso de Perú ha estado ampliamente difundida por los medios que operan en la región amazónica de Madre de Dios, donde se ha producido un alarmante crecimiento de mineros ilegales con ganas de poner sus garras en las huellas del oro, localizadas en el subsuelo de los árboles. Como consecuencia encontramos una deforestación masiva que se vuelve más y más común y trae consigo indeseables efectos secundarios. Es el caso del aumento de los campamentos improvisados, los burdeles o la prostitución infantil, siguiendo la estela de la emigración de miles de mineros a la región.

¿Cómo hemos llegado a la situación de que un solo tipo de material sea el elemento más importante para determinar la riqueza de nuestra economía hasta el punto de que no nos importe destruir la naturaleza para conseguirlo? Si de nuevo tomamos en consideración al Perú, hemos de saber que no siempre ha sido así. Sin ninguna duda el oro tuvo importancia y valor en tiempos precolombinos, pero de una manera completamente distinta al valor que tiene en el sigo XXI. Metales preciosos como el oro o la plata, tenían un valor que radicaba en su belleza y en su capacidad para reflejar el sol, ya que éste era visto como una fuente visible de luz y energía. Al fin y al cabo el sol constituía el dios más importante en la cosmovisión andina.

En cualquier caso, lo que resulta crucial es que estos metales se volverían valiosos después de que hubieran sido utilazos en trabajos artísticos. El oro estaba presente en obras intrincadas, de extraordinarios detalles fantásticos. Podemos poner como ejemplo el Templo del sol, ubicado en Cusco, capital del imperio inca, donde existían bosques y jardines en miniatura creados con mucho esfuezo por artesanos expertos en oro y plata, con árboles y animales pequeños de gran detalle. El valor del oro y  la plata como obras de arte en sí mismas, supone una indicación del principio de la economía precolombina, trasladando este valor a la artesanía sobre cualquier otro medio de negocio [1].

En la cosmovisión andina, la cooperación y el intenso mantenimiento de la tierra resultaban vital para sobrevivir. De esta forma,  el trabajo tenía un valor excepcional, dado su eficacia para trabajar la tierra, producir alimentos y finalmente fabricar productos. A una eficaz artesanía le seguiría el cultivo de alimentos diversos; la construcción de obras públicas tal como caminos, acueductos y almacenes; la producción de tejidos y tela, vital para abrigarse en alturas, y la creación de tesoros con delicada ornamentación religiosa [2].

Por ejemplo, el imperio inca, es decir, la culminación de 5000 años de civilización, tenía su economía en base al intercambio de labores entre las diferentes zonas de su vasto territorio. Si un área necesitaba ser trabajada para el cultivo de maíz, entonces los incas se trasladaban en comunidades enteras, pues tenían mucha pericia en este tipo de cultivos. De igual forma, si necesitaban un camino entre dos provincias, surgiría la aparición de ingenieros expertos. Los trabajadores se mudarían hasta la ciudad de Cusco, donde podrían crear  bellos objetos religiosos con muchísimo valor para los incas.

Collar de Sipán . Cultura Moche (400 d.C.)

Lingotes de oro

En gran contraste, cuando los europeos llegaron la primera vez a América del sur, quedó muy claro que el oro tenía valor antes que otra cosa. El oro empezó a verse como un material codiciado porque su escasez en Europa había desarollado un moneda con su propio derecho en el transcurso de miles de años. Durante la conquista del nuevo mundo, los conquistadores españoles extrajeron oro y plata de una manera muy violenta. Este proceso significó la destrucción masiva de arte al tiempo que las obras eran destruídas para ser trasladadas a Europa. Sabemos poco de las joyas en oro y plata que se perdieron, aunque algunas investigaciones han revelado que obras excepcionales, tal como el citado Templo del Sol, contaban con obras extraordinarias. Es decir, el poco arte que sobrevivió se encuentra ahora en museos de Lima, Cusco y el norte de Perú. Es el caso del Museo Tumbas Reales de Sipan, que constituye también una prueba evidente de un arte muy desarrollado.

Ahora, uno podría decir que el sistema económico moderno sí tiene valor en el trabajo, la gente tiene que, en principio, trabajar para ganar dinero, pero el problema surge con la aparición del dinero. Más bien esta es la base del sistema económico en el trabajo actual, como en el imperio inca, el sistema financiero del siglo XXI tiene fondos en medios extraídos del valor que se supone que representan. Éste es el origen de varias complicaciones, demasiadas para tratar dentro del artículo. Lo mas obvio es un sistema de bancos modernos que permiten ganar dinero a ciertos individuos por el simple hecho de guardar dinero, prestar dinero y ni siquiera ofrecer la posibilidad de inventarlo.

A pesar de que dinero tiene su base original en el oro, es bien conocido que no hay oro suficiente para representar activos financieros. Vivimos en un mundo donde el valor se ha estado creando desde la nada. Y lo más importante, el dinero no tiene base en el mundo natural del que los humanos somos parte, sin embargo, su mantenimiento es vital para que sobrevivamos. Por lo tanto, la destrución de la selva primaria no está de niguna manera justificada.

Lejos de sugerir que la economía global del siglo XXI debería tener su base en el Perú precolombino, podríamos sacar lecciones importantes a partir de la fórmula que estas culturas manejaban en sus negocios. El foco no se han puesto de ninguna manera en un negocio particular, como es el caso del oro, pero sí en el esfuerzo colectivo, en su  capacidad para crear y producir y en la diversidad laboral, que son resultado del esfuerzo humano. Pensar que la riqueza se determina simplemente a partir de una cantidad de oro, sería una idea absurda, es decir, un individuo cuya única capacidad consiste en la posesión de un solo tipo de metal.  Esta creencia beneficia a una sistema que sobre todo estaba diseñado para producir, construir, desarrollar y generar  la capacidad en los seres humanos para que se expresaran ellos mismos desde una manera creativa y artística. Este absurdo no tiene ningún significado, tener lingotes de oro bajo la cama no va a ser ninguna garantía contra el agotamiento del mundo natural y la deficiente capacidad  para alimentarnos.

Con una crisis financiera inminente, el desempleo masivo, la abundancia de trabajos serviles y la presión de los bancos y las corporaciones sobre los estados democráticos, quizás nunca haya habido una época más más propicia para que los negocios mundiales puedan encontrar una base más sólida de la realidad, la naturaleza y la capacidad creativa de los seres humanos.

The New Gold Fever

Comparing economics in the 21st century with pre-Columbian Peru

by Simon Ross-Gill

With the recent pressure on modern currencies as a means of exchange, the threat of recession and the looming consequences of a “credit crunch”, the price of gold has skyrocketed, peaking at almost $2000 an ounce . As the fundamental basis of modern banking, finance and currency, traders have rushed to build their gold reserves, speculating that its value as a purchasing power will remain constantly high.

This surge in the value of gold has had devastating consequences in some parts of the world. It has been widely reported that In Peruʼs Madre de Dios region of the Amazon rainforest there has been an influx of illegal miners eager to get their hands on the traces of gold that can be found in the soils beneath the trees.

As a result, mass deforestation of primary, virgin rainforest is becoming commonplace, with other undesirable side effects such as shantytowns, brothels and child prostitution arising in the wake of the migration of thousands of miners to the region.

How has it come to the point that a single extractable mineral is the most important factor in determining the wealth of our economy, to the point that we are prepared to destroy nature to acquire it?

Again turning to Peru, it has not always been this way. Gold was certainly an important and valuable material in pre-Columbian times, though in a very different manner to what it is in 21st century economics.

Precious metals such as gold and silver derived their value primarily from their beauty, and their ability to reflect the sun, which – as the visible source of light and energy – was the most important god in indigenous Peruvian religion.

Yet what is crucial is that these metals only achieved real value after they had been worked into art. As an artistic medium, gold was used to create fantastically detailed and intricate works. In the temple of the sun in the Inca capital Cusco, for example, there were miniature forests and gardens painstakingly created from gold and silver by expert artisans.

The value of gold and silver as an art form reflected the principle of pre-Columbian economics as a whole, which placed value on labour and artisanship above any means of exchange [1].

In a harsh Andean world, where cooperation and intensive land management was vital to survival, labour was so highly valued because of its results in working the land, in producing nourishment, and in manufacturing goods of functionality and worth.

Effective working and craftsmanship would lead to the cultivation of an abundance of foodstuffs; the construction of effective public works such as roads, aqueducts and storehouses; the production of cloth and textiles, vital to keep warm at high altitude; as well as the creation of artistic treasures, decorations and religious ornaments [2].

The Inca Empire, for example – the culmination of 5,000 years of civilization in the Andean region – based its economy on the transfer of labour between different zones of their vast empire.

If one area of the empire needed to be worked for the cultivation of maize then the Incas would transport whole communities that had expertise in maize cultivation to that region. Likewise, if a road had to be built to a distant province, the labour of skilled engineers would be provided.

In similar vein, the most skilled gold smiths from the empire were transported to Cusco so that they could craft religious objects of fantastic detail, and thus of huge worth to Inca religion.

In stark contrast, when Europeans first arrived in South America, it was very clear to them what had most value. Gold, having been a much desired substance for the reason that it was scarce in Europe, had developed as a currency in its own right over several thousand years.

During the conquest of the New World, the Spanish conquistadores violently acquired gold from the Incas and the Aztecs. This entailed the mass destruction of art, as innumerable works were melted down into gold ingots to be transported to Europe.

Little is known of the lost wealth of art in gold and silver and what it consisted of, though studies have revealed that exquisite works of the like of the sun temple in Cusco were in abundance, and what little art does remain in museums in Lima, Cusco and the north of Peru – notably Museo Tumbas Reales de Sipan – is evidence of this also.

Now, one might argue that the modern economic system does value labour; people do, in principle, have to work in order to obtain money.

But it is that money exists in the first place is where the problem arises. Rather than basing the economic system on the actual labour itself – as the Incas did – 21st century finances are based on a medium that is extracted from the actual value that it is supposed to represent.

This leads to all sorts of complications (and far too many for this article to address). The most obvious is a modern banking system that allows people to make money by storing money, lending money and even inventing money.

Despite the fact that money is originally based in gold, it is now well known that there is not enough gold to back up financial assets. We are living in a world where value has been created out of thin air.

Most important of all, money is not based in the natural world of which human beings are a part; and the maintenance of which is vital to our survival. Hence the destruction of primary virgin rainforest in Peru to find but a few traces of gold.

Far from suggesting that the globalised economy of the 21st century should be based on that of societies in pre-Columbian Peru, this author believes that important lessons can be drawn from how these cultures managed their economy.

Focus was not placed on any one particular means of exchange such as gold, but on the efforts of human beings, their ability to create and produce and the variety of different trades that are wrought from human endeavor.

The idea that somebody’s wealth was determined simply by the amount of gold that they had would have been an absurdity; people did not become wealthy and well-endowed through possession a single precious metal. They benefitted from contributing to a system that above all was geared to produce, build, develop and allow people to express their selves artistically.

This absurdity is no less significant today; having stacks of gold underneath one’s bed will be no security against the depletion of the natural world and the subsequently decreasing ability that we have to feed ourselves.

With an impending financial meltdown, mass unemployment in western economies, the abundance of menial jobs and the growing power of banks and corporations over democratic nation states, perhaps it is has never been a more relevant time to consider by what means global trade can ground itself more firmly in reality, nature and the creative capacity of human beings.


[1] Wright, R., Stolen Continents (Orion, London, 1992), p68

[2] Elliot, J.H., Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America 1492-1830 (Yale University, 2006), p89

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: