Colectivo Digital Creativo

Magna Grecia: Paestum

In A fondo, Arquitectura, Arte, Magna Grecia on 23/10/2010 at 15:40
Las acuarelas de John Robert Cozens y grabados de Piranesi, entre otros, volvieron a poner en el mapa en el siglo XVIII a la gran ciudad de Posidonia o Poseidonia –Paestum para los romanos- tras siglos de olvido. El hallazgo de las ciudades de Herculano (1738) y Pompeya (1748) tuvo un gran impacto en Europa y atrajo a estudiosos, coleccionistas y eruditos, propiciando, dada su cercanía a la antigua colonia griega, un creciente interés por la ciudad de Paestum.

Giovanni Battista Piranesi, Paestum, 1770-78

John Robert Cozens - Templo de Ceres en Paestum

En 1761, la visita a los templos de J.J. Winckelmann – considerado fundador de la Historia del Arte- fue tan relevante que despertó la atención de viajeros tan ilustres como el gran escritor alemán Goethe que en su libro Viaje por Italia describe su primer impacto con las ruinas de la ciudad cuando logra por fin distinguir en las colosales masas alargadas y cuadradas […] los templos y los monumentos supervivientes de la ciudad de Pesto, un templo tan bello. 
Paestum sería también destino de los viajeros que hacían el Grand Tour, viajes de aprendizaje y enriquecimiento cultural y educativo por Europa que desde el siglo XVII y XVIII emprendían los artistas, literatos europeos y jóvenes aristócratas ingleses y cuya meta final era Italia.

La menor popularidad de las colonias griegas de la Magna Grecia en comparación con las romanas puede deberse, quizás, al gran peso que supone todavía hoy en día la fuerte herencia de Roma que se reivindica e identifica con Italia.

Es importante resaltar que la función de los templos en Grecia no era la del culto, sino la de albergar la imagen del dios; los sacrificios y cultos se celebraban en el exterior, al aire libre. La orientación habitual de la fachada era el Este, que se asociaba con la vida, luz y aurora, pero también por razones meramente funcionales, ya que dejaba entrar la luz –al tener el resto del edificio muros ciegos- y con ello que se pudiera ver la imagen del dios.

Templo de Ceres, Paestum

Los artistas griegos tendieron a buscar las formas típicas y primarias que representaran la naturaleza esencial de las clases de fenómenos, del mismo modo que las formas o ideas platónicas expresaban la realidad esencial o primaria que hay detrás de todas las múltiples realidades percibidas a través de los sentidos, lo que ayuda a explicar por qué son tan deliberadamente limitadas las tipologías en la arquitectura griega. Cuando se trata de definir la esencia dentro de la multiplicidad no hay lugar para innovaciones caprichosas, fantasías ni incertidumbres. La coherencia y el límite son características del orden (cosmos); la diversidad es más a menudo característica del caos. Los artistas griegos en general y los arcaicos en particular eran normalmente reacios a representar las expresiones más obvias de la variabilidad emocional, el arte griego prefirió, generalmente, trascender la expresión abierta de la emoción y los cambios de ánimo, y atenerse a las cualidades puramente formales del diseño para expresar el mundo ordenado que él veía. Si la aparente mutabilidad del mundo físico y de la condición humana era una fuente de dolor y perplejidad para los griegos, el descubrimiento de un esquema permanente o un sustrato inmutable por el que pudiera medirse y explicarse la experiencia aparentemente caótica era una fuente de satisfacción, incluso de alegría, que tenía algo de religioso en su naturaleza pues el reconocimiento del orden y la medida en los fenómenos hacía algo más que meramente satisfacer su curiosidad intelectual o gratificar un deseo de organización: servía también como base de un ideal espiritual. La medida y la proporción realizan en todas partes la belleza y la virtud, como lo expresaría Platón en un diálogo, en que la medida se reconoce como característica primaria del bien último. Si la exigencia del orden y claridad era en esencia la búsqueda de un tipo de ideal espiritual, ésté sólo se alcanzaría mediante un análisis paciente. Cuando el griego veía una luz mística, se sentía inclinado a descomponerla en sus distintas partes y, en la medida de lo posible, darle una definición racional.

Templo de Neptuno, Paestum

Cuando en Grecia se hablaba de saber la proporción, se quería decir no sólo que se sabía calcular matemáticamente, sino que una persona era capaz de conocer la forma esencial y proporcionada de las cosas. La proporción se entendía como esencia divina de las cosas, es decir, la proporción era la manifestación de la divinidad de las cosas de la naturaleza, por lo que la belleza de la naturaleza era la consecuencia de su carácter divino. Justamente en el reconocimiento de su esencia divina (divino como esencial, como fundamental), se fundamentaba el aprecio a la belleza de la naturaleza, es decir, se aprecia la naturaleza porque se considera bella, porque se puede reducir a números.

Templo de Hera I o Basílica

Parte del secreto de la solidez de estos templos reside en la frecuente repetición en toda su estructura de un módulo básico, o fracciones de él, en una proporción de 2:1. Este módulo era calculado en pies dóricos[1] y la base sobre la que se determinaron todas las medidas fue probablemente la distancia interaxial (distancia entre los centros de dos columnas del peristilo[2], medida de las bases) de dieciséis pies dóricos. Las columnas tenían una altura aproximadamente el doble de esta medida, los triglifos[3] y metopas[4] aproximadamente la mitad, los mútulos[5] y espacios entre ellos la mitad más o menos de esta otra medida, y así sucesivamente hasta las tejas de la cubierta. Había, naturalmente, pequeñas variaciones y disparidades en estas medidas en diferentes partes del templo, pero la impresión dominante de una equivalencia lógica bastante sencilla que en conjunto ofrecía la construcción debía de tener un fuerte efecto psicológico (percibido probablemente de forma consciente por los arquitectos y subconscientemente por los demás) en cuantos la contemplaban. El significado de la arquitectura religiosa griega estaba siempre vinculado al contexto en que era contemplada, el emplazamiento, con sus elementos tanto topográficos como artificiales, es siempre, en idea, parte del templo, y los arquitectos griegos debieron plantearse la cuestión de cómo podía lograrse que cada templo, entendido como encarnación del dios cuyos tesoros albergaba, se integrara en su ambiente concreto.

Templo de Hera II o Neptuno

Para que resulte la armonía[6] de los templos, los arquitectos fueron introduciendo poco a poco correcciones ópticas que se irían desarrollando hasta el Período Clásico logrando una extremada armonía (relaciones exactas, matemáticas). Esas correcciones daban espacio a la intuición, no sólo a la razón,  y sería el “juicio del ojo” el que determinaría finalmemente la forma de ese edificio. Entre estas correcciones ópticas está la éntasis, que consistía en ensanchar la columna en su parte central, lo que aportaría cierta sensación de flexibilidad a la rigidez de la construcción. Otra de las correcciones sería la ligera curvatura del entablamento[7] y también del estilóbato para dar la impresión contraria, es decir, una línea recta, que se debe fundamentalmente a efectos ópticos por exceso de luz. Las columnas en los extremos se ensanchan para que ésta no parezca más pequeña que las demás y todas se “vean” del mismo tamaño. Por último, el problema al que no lograron dar solución en el orden dórico sería el las esquinas, un problema matemático que no tenía solución satisfactoria sino tan sólo remedios para neutralizarlo. El problema es consecuencia de aplicar una serie de normas establecidas que tienen que ver con el friso[8], el arquitrabe[9] y la columna[10], tres normas incompatibles entre sí que cuando se construía en madera se podían cumplir pero al pasar a construirse en piedra y modificarse las dimensiones del arquitrabe para sujetar el peso también afectaría el eje del templo y, con ello, el triglifo dejó de alinearse.

La zona arqueológica de Paestum
Paestum se encuentra en el centro de la parte meridional de la llanura del Sele. La ciudad fue levantada en una baja terraza de travertino bañada antiguamente en tres de sus lados por las aguas del río Salso (o Capodifiume). La fundación de Posidonia, ocurrida a finales del siglo VII a.C., representa uno de los últimos episodios de la colonización griega en la Italia meridional iniciada ya en el siglo VIII a.C. con la fundación de Cuma. A lo largo del siglo VI a.C. la ciudad empezó a delinearse adquiriendo una primera organización y a apropiarse del territorio circundante, destinado desde el principio a las actividades agrícolas.

De Paestum se ha excavado tan sólo una parte de la extensión original, la que comprende el centro de la ciudad donde se encuentran los templos y los edificios públicos, el resto, la mayor parte, sigue intacto.

Los templos que componen Paestum son la  “Basílica” o Templo de Hera I, el más antiguo, de finales del s. VI a.C.  La denominación de Basílica le fue dada en el siglo XVIII, momento de su descubrimiento, cuando la ausencia de frontones condujo a los estudiosos a pensar que se trataba de una basílica romana que en su acepción primitiva era destinado a los tribunales de justicia o a la celebración de consejos públicos o privados o donde se celebraban los comicios y que después derivó a denominar, en época cristiana, a las iglesias que seguían este tipo de planta. 

Detalle de fuste y capitel dórico, Templo de Neptuno, Paestum

El Templo de Neptuno o Templo de Hera II, construido hacia el año 450 a.C. (casi el mismo tiempo en que se construyó el Partenón de Atenas, ya en el Período Clásico) es el mejor conservado de la Magna Grecia que ha llegado hasta nosotros. Su denominación deriva de la creencia de que el templo más poderoso de la ciudad debía estar dedicado a Poseidón/Neptuno. En muchas partes del Templo de Neptuno, como columnas y pilastras, es posible notar empotramientos de varias dimensiones y de forma descuadrada, que indican puntos en donde los huecos de material empleado para la construcción habían sido cubiertos con tacos del mismo material. En la Antigüedad, sin embargo, esta solución no era visible ya que estas reparaciones se cubrían con el estrato de estuco blanco que revestía las estructuras del edificio, algunas de cuyas partes eran resaltadas vivamente con franjas de color negro, azul y rojo. 

Por último, el Templo de Ceres o Templo de Atenea, construido hacia el año 500 a.C., debe su nombre a los eruditos del siglo XVIII que lo atribuyeron erróneamente a Ceres, diosa de la agricultura, en lugar de Atenea, tal y como demuestran las numerosas estatuillas de la diosa halladas en los depósitos votivos que rodean el edificio, en la que es representada con un yelmo, una égida, una capa que cubre hombro y tronco donde aparece una máscara de la Gorgona y el escudo.El edificio todavía conserva una estructura muy elegante caracterizada por el equilibrio entre planta y alzado que se aprecia perfectamente dando la vuelta a la perístasis del templo. El culto a la diosa Atenea en Paestum alcanzó la misma importancia que tenía en su ciudad de origen. Las famosas Panateneas duraban nueve días y concluían con la procesión solemne durante la que los sacerdotes entregaban a la diosa la capa en que se representaba la victoria de Atenea contra la Gorgona.

Templo de Ceres, Paestum

Paestum y sus alrededores fueron declarados Patrimonio de la Humanidad  por la UNESCO en 1998. 

Paestum se encuentra a tan sólo dos horas y media en coche de Roma o a menos de una de Nápoles. Desde Roma las conexiones en tren no son buenas, hay que ir a Nápoles cambiando de tren para Salerno y después coger un autobús hasta la zona arqueológica pero, independientemente de cómo se llegue, el destino recompensará definitiva y plenamente al viajero que se dirija a este lugar. Otros templos del período arcaico griego se pueden encontrar en Sicilia, crisol de culturas, parte también de la Magna Grecia, donde se encuentran las zonas arqueológicas de Segesta, Selinunte o Agrigento.

Fotos: Ana Moreno, marzo 2009.

[1] La medida de un pie humano, en el orden dórico (600-400 a.C.) entre 32,5 y 32,8 cms.

[2] Galería de columnas que rodea un edificio o parte de él. Deriva de la palabra griega stylo, columna, y peri, alrededor.

[3] Adorno del friso dórico que tiene forma de rectángulo saliente y está surcado por tres canales.

[4] En el friso dórico, el espacio que media entre triglifo y triglifo. De forma cuadrada o rectangular son puntos de carga neutra. Será uno de los lugares privilegiados para recibir la decoración del templo.

[5] Adornos del entablamento.

[6] El primero que teorizó sobre la Armonía fue Pitágoras en siglo VI. Aunque no escribe ningún libro, en el siglo V sus ideas se habrán convertido en una doctrina y línea de pensamiento completamente aceptada. El concepto básico del pensamiento pitagórico es la armonía, entendida como relaciones matemáticas, las cuales se entienden que son estables y perfectas. Para Pitágoras la armonía sería una ley universal que lo regiría todo. El origen de la formulación de dicho concepto se basa en la observación del comportamiento de los sonidos.

[7] Conjunto de molduras que coronan un edificio o un orden de arquitectura. Ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa. Es parte de la estructura del edificio que se sostiene en las columnas.

[8] Parte del cornisamento que media entre el arquitrabe y la cornisa.

[9] Parte inferior del entablamento, la cual descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.

[10] En el orden dórico consta de fuste y capitel (no tiene basa).

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