Colectivo Digital Creativo

¿Aunque nos pese?

In Artículos on 29/07/2010 at 06:47

No sabía que mi gusto por la violencia tuviera límites, a decir verdad, jamás me lo había preguntado. Sólo tecleaba palabradas de odio en los buscadores para devorar litros de sangre y violencia en el monitor de la computadora. No importaba si eran fotografías de nota roja -como los crímenes de barrio o los que socarronamente llaman pasionales-, tampoco si las imágenes eran la suma de errores entre alcohol, automóviles y mujeres. Yo quería sangre y la conseguía al instante.

Nunca sentí asco, ni compasión, ni empatía. Entre más cruda fuera la secuencia de fotogramas, mi ritmo cardíaco se aceleraba, pero al mismo tiempo transpiraba temor y angustia. Nadie quiere salir de una cantina para tropezar con cabezas humanas; creo que todos bebemos con los amigos para sincerarnos, reír, burlarnos de las torpezas del día, pero nadie va a tomarse unos tragos para que lo rafagueen, o en todo caso lo levanten.* Nadie, ni los imbéciles que disfrutan de la violencia a través de una pantalla de cristal líquido.

Sólo un par de veces he tenido un arma entre las manos; probablemente cualquier sicario se ría de mis descripciones, pero es innegable el poder que desprende, las malditas palpitaciones, la adrenalina en estado puro. Es imposible contener los deseos de disparar y acertar en un blanco, cualquiera que éste sea. De un momento a otro las escenas de tiroteos me asaltan y estúpidamente comienzo a posar como los actores gringos, me doy cuenta del nivel de mediocridad que tengo, pero que va, a nadie le debe importar, yo tengo el poder calibre 45 en las manos. De ahora en adelante yo mando.

Mi adicción por el narco es letal, al principio me engañaba con literatura, pero la realidad resulto más cruda y fascinante. Crónicas, reportajes, fotografías, blogs, mensajes de twitter, todo morbo, todo on line. No sé como llegué a blogdelnarco.com, sólo bastaba un click para esnifar un poco de México; varias veces comprobé la eficacia de los twitters que alertaban de balaceras en todo el país. Mensajes instantáneos que advertían de amenazas y ejecuciones que serían reportadas con varias horas de retraso en los periódicos de circulación nacional. Cualquier usuario que clickeara el contenido de la web confirmaba en cuestión de minutos que el Estado y el narco son hermanos gemelos, juntos, pegados, un Estado siamés.

Antes de la “Guerra contra el narco” los periodistas forzaban su mente para describir las ejecuciones; cada estilo retrataba escenarios con verdugos fuera de lo común, inhumanos, fríos. Gore pues. A nadie se le ocurrió que un sicario tendría 20 años o menos, que bien podría ser como nosotros, con amigos, errores, con un trabajo que cumplir. Tributando impuestos, derechos de piso, peaje…ejerciendo otro tipo de ciudadanía. La vida cotidiana aplastaba cualquier tipo de ficción, ni siquiera los grandes literatos podrían medirse con los cronistas de la nota roja.

Resulta imposible mantenerse alejado de la narco-propaganda, del narco-periodismo; en todos lados se habla de los sicarios, de las técnicas para destazar cuerpos o simplemente disolverlos en ácido. Ni siquiera las renombradas “muertas de Juárez” o los reality shows acaparan tanto la cobertura de los mass media. Los propios cárteles generan sus mensajes al estilo twitter con textos breves sobre los cadáveres o con letreros colgados en autopistas. ¿En qué momento las palabras comenzaron a dispararse como ráfagas de alto calibre? ¿Realmente nos importa? ¿Cuándo asumiremos que el narco somos todos? Los consumidores, ocasionales o no; los creativos que justifican su adicción por ser artistas; los policías y periodistas que no tienen más opción que la plata o el plomo; los que ejercemos la corrupción, en menor o mayor grado; los que sabemos que el país está completamente podrido y no creemos en la solución; la doble moral que condena el narco, que lo estigmatiza pero oculta su adicción pretextando salud; los narcopolíticos de izquierda, centro y derecha que negocian la producción, venta y distribución de drogas; las corporaciones financieras que lavan millones de dólares al año; la economía mexicana que se niega a congelar el poder económico de los cárteles por temor a colapsarse; cuando asumiremos que la cultura del narco no se reduce a los sombreros, AK’s-47, botas, cinturones piteados, lujos, narco-corridos.** La cultura del narco es violencia, intolerancia, exterminio del enemigo, corrupción, poder, totalitarismos…rasgos que nos delatan e identifican… todos somos el narco aunque nos pese. No hay vuelta atrás.

Mientras tanto consumiré cada nota periodística detrás de la computadora con la maldita esperanza de morir con la cabeza pegada a mi cuerpo, será la única clemencia que le pida al sicario que esnife mi vida.

Julio 2010
http://www.cocainazine.blogspot.com

_____________

* En México, levantar significa el secuestro sin fines de obtener dinero por ello; comúnmente los levantones terminan en ejecuciones y son ajustes de cuentas entre cárteles del narcotráfico.

** Género musical que se distingue por narrar las proezas de los narcotraficantes.

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