Colectivo Digital Creativo

La destrucción también es creación (del vacío)

In Artículos, Arte, Fotografía, Poemas on 26/07/2010 at 14:04

Foto: Mattias Frille-Pedro Chincoa

(Tributo al poema “La canción del traficante de marihuana” de LMP)

Cuatro números malditos para Leopoldo María Panero. Cuatro números en recuerdo del dadaísmo, movimiento artístico que se lanza contra los fundamentos mismos del pensamiento, poniendo en duda el lenguaje, la coherencia y las formas de expresión artística de la Europa posterior a la Gran Guerra. Las palabras se convierten en gritos y aullidos, se prefieren los objetos encontrados casualmente, los desechos. Se rompen todas las reglas con la idea de empezar de nuevo.

La autocontemplación, junto a la  autodestrucción, es una de las constantes en la obra de LM Panero.  La etiqueta de malditismo que inevitablemente le acompaña desde su aparición en la escena pública ha condicionado la aproximación a su poesía, ensombreciendo, cuando no borrando, la carga de profundidad que su propuesta implica para la literatura como práctica social y como imagen institucional.

Para conocer la figura de LM Panero, no basta sólo con ver la película El desencanto (Jaime Chávarri, 1976), a todas luces decadente y mitificada en exceso, sino que el remedio para la picadura produce el efecto al leer su obra. Su verdadera transgresión no está en esta vida suya que “para vivirla hay que forzarla” y que el espectador apenas adivina, está también en su poesía, en sus ensayos o en sus cuentos de terror.

LM Panero representa junto a Manuel Vázquez Montalbán los planteamientos más radicales, ideológica y políticamente hablando, de la nueva generación de poetas emergentes en los años setenta. Así, el rechazo de la llamada muerte del arte, preconizada por Hegel, ha producido una especie de revival kantiano dentro de un recorrido pendular en el que se busca, o bien recuperar un concepto tradicional de arte, o bien modos alternativos de producirlo. No parece, sin embargo, preocuparle a nadie el análisis de aquellas propuestas cuyo horizonte ha sido, de un modo u otro, poner en cuestión la noción misma de arte, algo que sí se planteaban, en este caso concreto, los textos de los dos autores citados con anterioridad. La poesía de LM Panero se sitúa, desde sus mismos orígenes cronológicos, en un territorio diferente, donde la misma presencia del poeta como figura de referencia, incluso existiendo a veces en exceso, es prescindible. Una de las características más explícitas de su obra es la de subrayar el carácter discursivo no solo de la poesía sino del mundo al que aquella parece remitir. La escritura de Panero no cesa de reivindicar lo a-poético, lo imperfecto, lo descuidado como horizonte de trabajo. En relación a las reivindicaciones de LM Panero, puede entenderse un espíritu dadaísta en su poesía. Igualmente, el valor de Dadá realizaba la apología del abandono. Dadá molestaba a todo el mundo porque se oponía al arte bajo todas sus formas, aunque fueran de vanguardia. Destructor de ideas recibidas y destructor de reputaciones establecidas, todo bienestar del espíritu se consideraba imposible fuera de la euforia Dadá. Todo le servía para alcanzar sus fines, la publicidad y el insulto, la confusión y la risa, la afirmación desconcertante y la sonora negación. A los pueblos no les gusta que se desordene su lenguaje, ni a las clases sus costumbres. Todos comulgan con el respeto al heroísmo y a las lágrimas. Ahora bien, Dadá lo revolucionaba todo, escupía sobre todo, ignoraba las ideas admitidas, las instituciones establecidas y los sentimientos más sagrados. Utilizaba la sinrazón teniendo razón. Metía en el mismo saco a burgueses e intelectuales; Dadá cortaba el camino a la reacción y también a la vanguardia. Su ironía superaba el desastre y nadie la comprendía. LM Panero es un incomprendido para la sociedad, que lo vuelve monstruoso, porque su rabiosa lucidez, inconmensurable, resucita planteamientos incómodos resueltos en una ineludible capacidad para no reproducir la experiencia del pasado, con ello se opta por la espontaneidad de la emoción y por formas verdaderas de memoria, considerando las retículas artificiosas con que se finge la aprehensión del tiempo,  como la anarquía, lo surreal o la dispersión, la provocación en suma.

Hugnet, Georges, La aventura Dadá, Ediciones Júcar, Madrid, 1973.

Panero, Leopoldo María, Poesía (1970-1985), Visor, Madrid, 1986.

Panero, Leopoldo María, En lugar del hijo, Tusquets, 1976.

Talens, Jenaro, Agujero llamado Nevermore (Selección poética, 1968-1992), Cátedra, Madrid, 1992.

Leopoldo M. Panero, Sevilla,  Minerva, Publicaciones de Filología, 1997.

  1. Lo confieso: Me gusta Andrés Calamaro. Un día con Michi Panero:

    Y Nacho Vegas casi lo conoció y eso ya era suficiente…

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