Colectivo Digital Creativo

Amanecida, de Javier Jabato

In Comentarios políticos / de actualidad, Cuentos, micro Críticas, Opinión on 20/07/2010 at 17:25

7:05 de la mañana. Un joven sumamente anónimo se levantó bien temprano para ir a trabajar, se preparó un café cargado y puso la tele. Estaban dando, temprano como era, una serie japo de dibujos animados en la que -según parecía, y en lo que suponía un evidente alarde de originalidad en el guión- unos niños se transmutaban en diferentes robots que al final se transmutaban en un único macrorobot que luchaba contra otro macrorobot –éste malo, pérfido, que avanzaba con una hoz en un mano y un martillo en la otra-, salvando así a Dios, a la patria y a su puta madre. Pero el rollo de los dibujos duró poco. De pronto, se cortó la emisión y en la pantalla apareció un despeinado Matías Prax al que parecía que habían levantado a hostias de la cama. Sin saber muy bien a qué cámara mirar, moviendo nerviosamente unos folios malamente arrancados de un cuaderno, con la voz aún perdida entre las sábanas, el popular presentador dijo: Señores y señoras televidentes y televidentas, acaba de llegar a la redacción de la cadena la noticia de que desde hace unos once minutos, y sin saberse aún por qué motivo o motivos, se está produciendo una explosión en cadena de todos las bombas H del mundo. Según parece, las explosiones se han producido simultáneamente en los Estados Hundidos de No-es-américa, en la Unión de Repúblicas Socialistas Zaristas (URSZ) y en el Continente Chino-medieval, y con posterioridad en la República Piojosa de India, en Pakistán Colaboracionista, en el Reino Crédulo-Materialista de NorthCorea y en la propia Unción Europea. Como bien saben, la capacidad de destrucción del arsenal de las bombas de hidrógeno con respecto al planeta es de 20 a 1, puede que más. Desgraciadamente, los especialistas afirman que éste estallará por completo en unos cuarenta minutos. Por favor, mantengan la calma. Gracias.
El joven anónimo apagó la tele y miró el café, que aún no había tocado. Se volvió a la cama, abrazó el cuerpo de ella. Quería que durmiera, y que quedara ya para siempre tranquila, atómicamente disuelta en los venideros océanos de lava.
Durmió, incluso.

  1. Me gusta, sobre todo en los detalles. Ironía de calidad, que inquieta.

  2. Mientras Javier Jabato acaba con el mundo en otra dimensión, el resto damos vueltas al café y hasta le ponemos azúcar.

  3. Un cuento de amor, una parábola del mundo y algo más que una historia apocalíptica. El talento de Javier Jabato dará que hablar entre los partidarios de una literatura al margen de becas, premios y promociones oficialistas. Próximamente, en http://elinterruptor.org/, daremos a modo de reseña un anticipo de su libro Caín o la literatura del odio, editado por Bohodón Ediciones.

  4. “Durmió, incluso.”

    Esta muy chingón ese final, sublime, sublime. Será un gustazo publicarlo en el cocaina zine; gracias por la colaboración.

    saludos!

  5. hola tío, es un placer ver que ya está por aquí, ánimo y salud.

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