Colectivo Digital Creativo

El arte del comportamiento

In micro Críticas on 07/07/2010 at 21:34

Cravan versus Cravan, Isaki Lacuesta, 2003.

“Aceptémonos múltiples”

Arthur Cravan

En La decadencia de la mentira, 1889, de Óscar Wilde, Vivian le explica a Ciril que la mentira y la poesía son artes que no dejan de tener relaciones mutuas. Vivian se muestra indignado con el realismo, ya que como método considera que es un completo fracaso. En este sentido, la correspondencia de Cravan versus Cravan, Isaki Lacuesta, 2003, con el lenguaje documental se entiende como un film-ensayo que realiza un apasionado trabajo de arqueología fílmica sobre la figura enigmática de Arthur Cravan, poeta y boxeador, nacido en Laussana en 1889, pero con el vagamundeo extravagante de quien llevó al límite su propia vida hasta diluirse en el personaje irrepetible que fue. Cravan, sobrino de Wilde, fue un precursor del arte del comportamiento.

Isaki Lacuesta apostó por ensayar una biografía mostrando un claro interés por la cinefilia y un personaje misterioso del arte de vanguardia. Su cine se presenta heterogéneo, complejo y minoritario. En 2006 realizó La leyenda del tiempo, un película sobre el cambio, fresca y concreta, que tiene a la figura de Camarón como denominador de dos historias paralelas, Israel, un chaval de San Fernando a quien le gusta cantar flamenco, y la historia de Mariko, una japonesa que viene a Andalucía sugestionada por el duende y que sueña con ser una gran cantaora. En 2009 estrena Los condenados, una película de ficción escrita a partir de un guión con escalas visibles, un relato moral sobre la guerrilla latinoamericana que planea alrededor de la memoria histórica pero que sobre todo reflexiona sobre las motivaciones de algunas personas para matar a otras personas que no comparten sus mismas ideas. Películas todas ellas dispares que evidencian la rica trayectoria de un autor inquieto que puede gustarnos o aburrirnos, pero que no duda en asumir riesgos para ofrecerle al espectador una nueva propuesta en cada película.

La existencia de Cravan resulta tan irrelevante en esta película como la certeza de que estuvo presente en el ambiente vanguardista del Paris de principios de siglo XX. Arthur Cravan existió, no obstante, se cambió el nombre, desempeñó trabajos de domador, conductor de taxi, luchador ambulante, editor y redactor único de la revista Maintenant, posible pintor y mil cosas más. Pero sobre todo fue un aventurero, un moderno, un personaje inquieto que arriesgaba lo imposible por hacerse notar cuando la situación lo requería. Vivió como un dadaísta, como un excéntrico adulado por Picabia o Duchamp, y combatió lo convencional con golpes y versos en una época dominada por la estupidez de la guerra y la desazón del progreso maquinal. En medio de ese maremágnum socio histórico surgen las vanguardias, una sucesión de ismos que luchaban por el aniquilamiento de unos sobre otros. Un terreno vedado para aquellos que no gusten de escarbar entre el arte dadaísta, del que Tzara decía que lo era todo y nada al mismo tiempo. Lo nuevo y lo mutable darán vida al surgimiento del cinematógrafo. Isaki Lacuesta se aventuró con un personaje del que apenas existían unos cuantos libros y una biografía, La strategie du scandale, 1996, escrita por una historiadora y crítica de arte, María Luisa Borrás, a la postre, personaje de la propia película sobre Cravan. Y digo personaje porque las contradicciones entre los expertos:  historiadores, críticos, galeristas, coleccionistas o aficionados, nos llevan a pensar en la multiplicidad de Cravan más allá de su existencia.

La cinta de Isaki Lacuesta reconstruye la vida de Arthur Cravan a través de un personaje que hace de Cravan en la ficción, Frank Nicotra, popular boxeador y escritor francés, interesado en la biografía del poeta, representa su perfecto alter ego postmoderno. Y lo cierto es que su papel de investigador nos da que pensar, pues toda la cinta apela a la imaginación del espectador, lo sitúa en una pequeña encrucijada invitándolo a que sea él mismo quien continúe indagando en la personalidad de Arthur Cravan. La película no puede simplificarse en un falso documental, de hecho no lo es, pues la transposición del personaje histórico se apoya en datos verdaderos, no obstante, como dijimos al principio, el concepto de veracidad en relación a los hechos documentados queda literalmente reducido a lo que su autor llama “una película de ecos”. Así es, Cravan versus Cravan responde a la leyenda y al mito de un personaje particularmente excesivo. Sería desacertado definir la película como un fake, pues ya se ha dejado entrever que su espacio es mucho más fronterizo y abierto. Sí lo es, en cambio, el proyecto que Isaki Lacuesta rueda en el año 2000. El autor catalán abordó su cortometraje, falso documental, Caras versus Caras, para contarnos la historia de un mito del boxeo barcelonés, Arturo Caras, que apareció misteriosamente ahogado en el puerto de Barcelona. Parece evidente que Isaki Lacuesta abonó previamente el terreno para después desarrollar algunas cuestiones en el largometraje que aquí nos ocupa.

En el principio de la película se muestran una serie de fotografías en negativo de Arthur Cravan a la par que se alternan entrevistas de algunos expertos sobre su vida y su obra. La voz de Frank Nicotra nos lleva hasta Laussana, a la casa donde nació Fabien Avenarius Lloyd en el seno de una familia de aristócratas, más conocido bajo el pseudónimo de Arthur Cravan. Un pariente lejano nos da algunos datos biográficos mientras vemos la casa en ruinas de la familia, descrita mediante una serie de planos fijos, acompañados con música de juguetes de cuerda, como si Cravan fuese la constatación de un fantasma no muy lejano. En esta escena podemos comprobar como la imagen y el sonido no necesariamente han de estar sujetos a una sincronización medida y acabada, una cuestión que explica como la película busca escapar de la gramática convencional y apuesta claramente por la creación de una atmósfera fuera del plano. De la casa pasamos a un paseo del alter ego por el cementerio donde yace la tumba de Oscar Wilde. En este sentido, resulta muy interesante el juego y la alternancia de las voces en inglés, francés, catalán y castellano. Voces que por momentos describen, exponen, se interrogan y, en definitiva, son autoconscientes de la fascinante personalidad de Cravan, quien antes de recalar en Paris ya había pisado Australia, Estados Unidos, Inglaterra o Alemania.

La escena nos traslada ahora a un café de París, donde Nicotra dialoga con la traductora e investigadora de la poesía de Arthur Cravan, que cuenta como llegó a París en 1909. Esta escena Isaki Lacuesta nos la muestra a través del cine en el cine, incorporando fragmentos de L´attrait de Paris, Gerard Bourgeois, 1912, un corto del cine mudo que sirve al director para enlazar con la llegada de Cravan a la ciudad vanguardista por excelencia de principios del siglo XX. Cravan se presenta ante unos académicos explicándoles que es escritor, y aparece después simulado en su estudio a través del personaje de la película de Bourgeois, escribiendo y fumando con una pose de bohemio incorregible. En su estancia parisina se reunirá con Bulliers, Cendrars o Delaunay, cuenta la investigadora mientras vemos al alter ego conduciendo por las grandes avenidas de Montparnasse.

La concepción del cambio implica una pérdida de identidad, un desdoblamiento, una multiplicidad anunciada por Cravan y representada en sus poderosas mutaciones a lo largo de su biografía. El Cravan boxeador es un poeta atraído por el futurismo que devuelve golpes a todo cuanto le rodea. En su combate la victoria anuncia una derrota, como afirma la voz en off de su representación en el cuadrilátero. De esta forma pasamos de los versos a los puñetazos o a la posterior deriva de Nicotra en su rastreo por las filmotecas y museos de la ciudad para mostrarnos más pistas sobre su vida, obra, preferencias, veleidades, andanzas y desventuras. Entonces caemos en la cuenta de que el personaje se busca a sí mismo, huye, escapa de cualquier convención que coarte su libertad. Cravan versus Cravan. Cravan contra toda forma de opresión. Cravan desafiando los dogmas filosóficos y morales. Cravan en la batalla del hombre por el hombre.

Cravan, como buen personaje incómodo, criticó duramente la figura de Malevich y no le importó ser una bestia negra para algunos pintores. Fue amigo íntimo de Kees Van Dongen, pintor fauvista relevante, quien lo pintó con los guantes puestos y aparece en una grabación del cine mudo que se ocupaba de mostrar lo más cotidiano, aburrido y testimonial de algunos artistas de la época. Esta reiteración de Isaki Lacuesta por indagar en documentos visuales que arrojen luz a la biografía de Cravan, a veces resulta molesta, dada la intensidad con la que recurre a las imágenes de archivo. Podemos situar su creativa obsesión en el film como una tendencia de un director que, al menos en esta película, cree más en la imagen que en la realidad. Es decir, Iskaki Lacuesta toma una línea que André Bazin postuló en su día como ingrediente de la ambigüedad, si tenemos en cuenta las limitaciones humanas para definir y defender la realidad de los hechos pasados. En una historia como la de Cravan, explicitar la historia, acompañarla con una mera documentación, sería prescindir del ensayo y, por tanto, del rebasamiento de la forma tradicional del documental.

Del personaje hablan también algunos trabajadores de un circo, a quienes Cravan consideraba verdaderos artistas, a la altura de los mejores de la denominada cultura oficial. Los trabajadores del circo Delice Dadá aparecen sentados alrededor de una mesa junto a Nicotra y a la traductora. La escena posterior se vuelve mágica y todos ellos pasan a representar números de circo con malabares. De nuevo asistimos a un paralelismo semántico con la biografía de Cravan, aunque en este caso se ficcionaliza una escena en blanco y negro con personajes actuales. La ensoñación circense dará paso a unas imágenes de archivo en las que vemos a Frank Nicotra a punto de asistir a su pelea con James Cook. El título de campeón de Europa está en juego y el boxeador francés noquea por K.O. al inglés en el primer round. Vemos imágenes de archivo, televisivas, reales, de la biografía del alter ego, imágenes que nos devuelven el paralelismo entre los dos personajes que protagonizan esta película, es decir, Cravan por un lado y su personificación actualizada por el otro.

De todos los expertos en la obra de Cravan, María Luisa Borrás merece una atención especial. Ella representa el rigor académico dentro del caos. Se muestra cauta ante el convencimiento de algunos coleccionistas y expertos franceses que defienden las autoría de Arthur Cravan en una serie de cuadros que responden al pseudónimo de Edouard Archivard. La colección de nombres falsos de Cravan ejemplifica una rara afición por extender su nombre en una suerte de cajas chinas. Estas dudosas atribuciones se explican bajo la aguda observación que hace la crítica de arte barcelonesa, pues según ella el auténtico Cravan no hubiera pintado jamás un cuadro con trazos y pinceladas minuciosas de un estilo y una época muy anterior al suyo, sino que lo hubiera hecho con el estómago, por impulso y tiempo libre, no con el ánimo de imitar vagamente a pintores del pasado.

Un episodio central de la película es sin duda el combate que Cravan disputa en La Monumental con el campeón del mundo del boxeo, Jack Jonhson. Cravan se había establecido en Barcelona huyendo de la Primera Guerra mundial. Lacuesta alterna imágenes de tanques y explosiones con espectáculos de fuegos artificiales mientras María Luisa Borrás explica parte del periplo existencial de Cravan. La rumorología también apunta a que Cravan domaba novillos. Otra vez el director recurre a unas cómicas imágenes de archivo en las que vemos a distintos toreros empitonados. Y cabe preguntarse ingenuamente ¿Hay algo que no pueda atribuírsele a Arthur Cravan? El testimonio vivo de un aficionado al boxeo que asistió al mítico combate nos demuestra la imprecisión de la memoria, sus errores y, sin embargo, prodigiosa actualización de la historia. En este momento el abuelo habla directamente a la cámara en una plaza raída y devastada por el olvido. Se mezclan testimonios de ex boxeadores que dignifican una profesión incomprendida con panorámicas de seguimiento del abuelo mediante un montaje simultáneo que muestra una plástica reconstrucción del combate.

Los últimos y convulsos años de Cravan dignifican su biografía. Se desplaza a Estados Unidos  Allí es recibido con expectación por Duchamp y Picabia, que anunciaban entre aspavientos sus “disparos a las arañas de la burguesía”. Conoce a Mina Loy, musa de Man Ray y mujer moderna por excelencia. En definitiva, asistimos a un viaje visual en el que Isaki Lacuesta se recrea en el oleaje que deja un barco en su recorrido, una imagen que resume parte de la película y hace justicia con la vida intangible de Arthur Cravan. El personaje huirá a México ante el estallido de la II Guerra Mundial, dejando maltrecha a Mina, con quien mantendrá una intensa correspondencia. Allí malvive como puede tras montar un gimnasio en el que enseña a boxear. Logra reunirse en México con Mina y ambos deciden huir a la Argentina, un país más estable que experimentaba un gran auge socioeconómico. Cravan se irá en barco y Maina, al estar en cinta, hará lo propio en tren. El rastro de Cravan se pierde aquí, en el mar. Se dice que su desaparición motivó la película Entr´acte, René Clair, 1924. También se especula con que él mismo fue una invención de los dadaístas, su historia, en cualquier caso, resulta fascinante.

Cravan es una incógnita, un personaje de culto que declaraba “soy todas las cosas, todos los hombres, todos los animales”. El director sitúa la última escena con un grupo de poetas e intelectuales catalanes, Enric Casassas o Ester Xergay, entre otros, apuntan, comentan o recitan pasajes de la vida y obra de Cravan tocados por la ensoñación de la época. Una escena que demuestra la actualidad del personaje que no aparece en las enciclopedias ni se estudia en las universidades.

Craven versus Cravan es una película a tener en cuenta porque apuesta por lo creativo en el campo del documental, a la par que sugiere múltiples interrogantes al espectador, que tal vez se siente abrumado por tanta compilación. El director incurre a menudo en el discurso metafílmico y logra perderse en la complejidad que entraña el personaje de Cravan. A pesar de ello, su originalidad y la combinación de tanteo, archivo y ficción le abren las puertas a un público más amplio de lo que a priori pudiera parecer.

  1. entonces, nunca llegó a Argentina???????
    y la mujer???????

  2. A Cravan nunca se le volvió a ver, Lacónica. Ella lo esperó un tiempo en Argentina, en vano. Mina Roy regresaría a Europa para recalar finalmente en Austin, Texas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: