Colectivo Digital Creativo

Ultraístas: pocos libros, muchas revistas

In Artículos on 11/06/2010 at 17:26

Una vez transcurrido prácticamente un siglo desde su aparición en la escena artística, el período histórico de la vanguardias en España sigue suscitando una extraña y poética atracción a curiosos e investigadores, atraídos por una época en la que las fronteras se rompen y los límites entre los géneros quedan difuminados por la capacidad de diálogo entre los distintos ismos. En este proceso histórico no es casual que los pintores escriban o los poetas pinten en una interacción particularmente fecunda. El ultraísmo va de 1917 a 1925. Su aparición supone la introducción de la poesía cubista en España, pero también del futurismo, del expresionismo y del dadaísmo.

No fueron muchos los libros que nacieron al cobijo del ultraísmo, sin embargo, sí que encontró mayor difusión mediante la publicación de un gran número de revistas. Es curioso el contraste existente entre aquellas revistas, algunas de nombres clásicos o más bien arcaicos; Cervantes, Grecia o Los Quijotes, frente a aquellas otras que tenían un nombre completamente moderno como Reflector, Tableros, Tobogán o la revista que da nombre al movimiento, es decir, Ultra.

La revista Grecia está estrechamente relacionada con el ultraísmo sevillano. Nace en octubre de 1919 de la mano de Isaac del Vando Villar, con Adriano del valle como redactor jefe y bajo el control de Rafael Cansinos-Asséns desde Madrid. Alcanzó la nada despreciable cifra de 50 números. Sus inicios son modernistas bajo la invocación de Rubén Darío. Su nombre nos indica que no nació con una vocación claramente de vanguardia, sino que la vanguardia fue determinante para su tímida renovación gracias a las ilustraciones del matrimonio Delaunay, Barradas y Norah Borges. Igualmente, la revista incorporó poemas de Vicente Huidobro y fue poco a poco adheriéndose al influjo del ultraísmo desde actos tributarios a personajes tan destacados del movimiento como el ya muchas veces citado, Rafael Cansinos-Asséns. Por citar algunos nombres, estos serían Miguel Romero Martínez, José María Romero, Pedro Raida, Luis Mosquera o Rogelio Buendía.

De todos los poetas del ultraísmo sevillano, el onubense Rogelio Buendía era el que tenía tras de sí un pasado más poblado de libros. El viaje que realizó a Francia en 1920, durante el cual conoció a Francis Picabia, influyó notablemente en poemas acordes con una línea vanguardista.

Otro de los poetas clave de este “reducto” sevillano fue Pedro Garfias, cuyos poemas nos acercan de manera clara a las intenciones del ultraísmo, entre otros temas, al cine. Su poema Cinematógrafo da cuenta de ello:

Los volcheviquis

han cortado los cables eléctricos

La calle muere en el espejo.

Desde una estrella

vemos el mundo por un telescopio

Estamos asomados a la vida

por el ojo de la cerradura.

La Bertini está siempre ante el objetivo.

El avión

extraviado, se coló en la sala

y conoció su error

al dar en las columnas con las alas.

Intervino el acomodador.

Anoche volé sobre Madrid:

Los últimos noctámbulos lanzaron a mi antena un radiograma,

y un loco hermano me lanzó su alma…

Charlot es un muñeco de Sanz.

…¿Se reparó ya la avería?

El viento llega demasiado tarde.

 

A Garfias lo encontré aún con vida, como quien no quiere la cosa, de secundario y en apuros, en la novelita Amuleto de Roberto Bolaño. En el libro, la protagonista se encuentra atrapada en un servicio público, leyendo  en la taza del water unos poemas del libro más cercano al ultraísmo de Garfias, concretamente, Alas del sur. Fuera los militares ya habían tomado la universidad de Santiago. Muchos años más tarde, al releer algunos de sus libros, supe que a Bolaño le dolía Chile y a Pedro Garfias le dolía España. Como tantos otros ultraístas, Garfias no terminó muy bien que digamos, bebiendo alcohol duro en México y prácticamente olvidado de todo, tal vez consciente de que sería un muerto poco rentable para las editoriales.

Podemos citar dos revistas representativas del movimiento ultraísta, de un lado estaría Cervantes, y del otro la revista Cosmópolis. La revista Cervantes, con una tipografía bastante convencional, fue fundada por el modernista Francisco Villaespesa. También la dirigió el poeta ecuatoriano César E. Arroyo, y entre 1919 y 1920 fue regentada por un comité de redacción capitaneado por el omnipresente Cansinos. Desde una mirada poética, fueron muy importantes las traducciones de Cansinos de las dos plaquetas francesas publicadas por Huidobro en Madrid, algunos poemas de Juan Larrea y varias entregas de Galerías de espejos, un libro con el que Rafael Lasso de la Vega empezó a hacer poesía-ficción. Las representaciones extranjeras fueron también destacas, es el caso de la publicación de poemas de Mallarmé, de algunos poetas expresionistas alemanes traducidos por Borges y la aportación latinoamericana del poeta ecuatoriano Hugo Mayo o del mexicano José Juan Tablada.

Cosmópolis se mantendrá viva de 1919 a 1922. Fue fundada por el cronista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, y después pasaría a manos del cubano Alfonso Hernández Catá. Su tipografía fue muy similar a Cervantes. A partir de número 30, Guillermo de Torre se hace cargo de la sección “Literaturas novísimas”, hecho que  facilita la acogida de los ultraístas. Otras revistas de menor importancia pero igualmente reseñables en 1919, serían la de Ultra en Oviedo (1919-1920) y la revista Perseo, que tan sólo sacó un número y lo más destacable fue un artículo de Guillermo de Torre sobre el vibracionismo barradiano.

A estas dos revistas habría que sumar la ya citada Reflector, cuyo único número salió en 1920. Lo más destacable de la revista Reflector es la fantástica cubierta de Barradas, con un foco de luz que no puede ser más acertado para el título que le da nombre. También resulta necesario hacerse eco de la revista coruñesa Alfar, que alcanzará los 60 números. Esta revista en particular dedicó más tiempo que ninguna a la pintura. De nuevo Rafael Barradas se nos presenta como una pieza imprescindible en su diseño. El número 51 de Alfar estará dedicado de manera íntegra a la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, de ilustradores de la talla de Alberto, Bores, Cabreiro, Dalí, Sonia Delaunay, Juan Esplandiu, Fernández Mazas, Ángel Ferrant, Francisco Miguel, Enrique Garrán, Luis Huici, Francisco Mateos, Méndez, Sáenz de Tejada o Vázquez Díaz, sin olvidar al polaco Paszkiewicz en su condición de reconocido teórico.

Nuestro repaso a las revistas del ultraísmo finaliza con  la mención de Ultra, ya que de 1921 a 1922 el ultraísmo conocerá su punto álgido. Ultra llegaría a los 24 números. Su director visible fue Umberto Rivas, no obstante, la contribución de Guillermo de Torre en su coordinación sería decisiva, pues de él se dice que fue quien trataba de darle siempre cierta coherencia al movimiento, tanto en su conexión con el exterior como en sus visiones críticas sobre la agitación vanguardista. En este sentido, los poetas empiezan a interesarse por formas como el Haiku, y en su parte gráfica la revista tuvo la suerte de  contar con la colaboración eficaz de Barradas, Norah Borges, Paskiewicz y sobre todo Wladyslaw Jahl, autor de sus mejores cubiertas. En Ultra llaman mucho la atención algunas declaraciones tan breves y acertadas como “Los poemas ultraístas son los arcos voltaicos que alumbran la noche de las calles” o “ULTRA es el reflector estético del bolcheviquismo”

Juan Las, Cansinos, fue un habitual de Ultra. En el número 10, publica su breve poema titulado Mayo:

Los relojes de Mayo

han sembrado la tarde

de rosas y de pájaros.

Sobre cada árbol

tiembla una noche de luceros verdes.

La aurora empieza a elevarse

de las piernas de las mujeres.

Tan pronto…

El agua está llena

de abanicos rotos.

 

 

 

– Bozal, Valeriano. La construcción de la vanguardia (1850-1939), Edicusa, Madrid, 1978.

– Catálogo de la exposición El ultraísmo y las artes plásticas, IVAM, Valencia, 1996.

– VLTRA, 24 números desde el 27 de enero de 1921 al 15 de marzo de 1922. Edición de José Antonio Sarmiento y José María Barrera, Visor, Madrid, 1993.

  1. Pues vaya si dio de sí el ultraísmo… Muy bien redactado y documentado, Chincoa. Por cierto, tengo un amigo que quiere hacer su tesis doctoral acerca de la obra de Juan Larrea. Me dijo hace poco que ya en los años 20 estaba en París, loco con el surrealismo. Antes que otros…

  2. Gracias Isabel por tus palabras, siempre oportunas e inteligentes. Por lo poco que he podido leer sobre el tema, Larrea y su gran amigo, Gerardo Diego, que alabaron y propagaron sobremanera la poética creacionista de Huidobro, terminaron dudando de su continuidad no muy lejos de los convulsos años veinte. Mientras Gerardo Diego escribiría poemas de euforia falangista, Larrea tomaría el camino del exilio y, en cierta forma, quedaría relegado a la larga lista de paseantes anónimos de una literatura española anclada en el franquismo aburrido y anacrónico. Larrea seguiría siendo más o menos ultraísta, por no decir una especie de poeta de culto.

  3. Qué chulas las referencias, ¿has visto las revistas? ¿dónde se pueden ver? ¿hay algún archivo de las revistas de los -ismos españoles? Se me ocurre que con tanta producción sería un proyecto muy lindo. 🙂

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