Colectivo Digital Creativo

La crítica de arte en peligro de extinción

In Artículos, Arte, micro Críticas on 31/05/2010 at 10:25

El sueño de Beuys se ha materializado en facebook. Hemos pasado de la mancha al crimen perfecto.

De la pérdida de ilusión de la obra de arte, así como de su banalidad, insignificancia y su conversión en concepto y abstracción, se deduce una actitud inquietante que está propiciando la cercana desaparición de la crítica de arte en el sentido que Baudelaire planteara en el siglo XIX. De esta manera, resulta inviable la existencia de una posición crítica del espectador e incluso del especialista en temas de arte. La convivencia de formas artísticas que explotan la crítica desde la propia obra de arte, acarrea una tendencia al círculo, un sospechoso acotamiento del arte sobre su significación. Baudrillard hace referencia a esta cuestión de la siguiente forma: “Cada vez más… en cualquier performance, cualquier instalación, cualquier obra, hay un comentario, hay un discurso. Además, se va a buscar a filósofos e intelectuales para que comenten sobre todo eso…Precisamente porque (el arte) no cree ya en su propia pulsión estética,… y porque ya no está seguro de su finalidad, necesita asegurarse un lenguaje externo, y para esto viene a socorrerlo una especie de literatura artística, estética que se produce incesantemente. Pero esto es un comentario y ya no una verdadera crítica porque no hay distancia necesaria para el juicio”. A colación de estos comentarios ciertamente poco optimistas de Baudrillard, podemos añadir que esta dinámica ha hecho que el arte caiga en una especie de metalenguaje que desconfía plenamente en toda la significación externa próxima a una amplificación de la obra artística. De la misma forma que los artistas han caído en un gusto desaforado por la provocación, no sabemos si su hambre se reduce exclusivamente al deseo de provocar por el mero hecho de llamar la atención espectacular. Esta circunstancia sería extensible a otros ámbitos, por ejemplo, la política, donde la falta de análisis de los diarios de gran tirada no hace sino otorgarle al discurso político una magnificencia inmune, es decir, los profesionales de la información han claudicado en su responsabilidad de trasmitir contenidos verdaderamente útiles para la población. La presión de la clase política y la publicidad que financia parte de esos contenidos, ha quedado supeditada a una red de opinadores, comentaristas y acólitos muy lejos de representar un ejercicio crítico dentro del espacio social. No habrá nada que temer, ya que toda una legión de mileuristas asustados y cohibidos, transigen reclinados y ensimismados en la mano que les da de comer.

La crítica de arte , entonces, ya no existe. No queda nada de la crítica propuesta por Baudelaire, cuyo ámbito de reflexión estaba inevitablemente asociado a la gestación de una filosofía del arte moderno. Su obra poética y ensayística actuó de visagra, de puente más bien, entre el idealismo romántico, período en el que se forma, y el surgimiento de lo moderno, lo urbano, lo mutable. Nada queda, decíamos, de la crítica que tenga a la vez la distancia necesaria con la obra de arte y la pasión desinteresada para desentrañar su significado. Precisamente, la cojera de la crítica reside en que la obra de arte ha perdido la capacidad de relacionarse con otras obras de arte, y si la tuviese, siempre nos encontramos con la apropiación o la reapropiación como recurso estético de referencia. Baudrillard habla de  una crítica de arte que se ha visto “vampirizada” por el propio arte ¿No será que el arte se ha convertido en algo ideológico? En este sentido, y como respuesta a la inocentada que se plantea en la pregunta anterior, resulta irónico que el arte no quiera ni desee a la crítica y a la inversa suceda lo mismo.

El arte contemporáneo actual debería asumir la tarea principal de la que se ha hecho deudor, es decir, gestionar los desechos del arte contemporáneo, como una prueba nietzschiana del desmoronamiento de los valores de la sociedad. Su valor o su función de intermediario se ha visto en una encrucijada, en una derrota amarga que poco o nada tiene que decir entre la esquizofrenia del artista y el encefalograma plano del espectador. Resulta irónica la poca demanda que tienen los ilusionistas, por no hablar del sarcasmo que arrastra a los mercados, a los estados y muy difusamente a los ciudadanos, hacia un escenario en el cual el dinero aparece y desaparece por arte de birlibirloque. Y qué decir del comunismo y su caída, no la absorción del capitalismo sino el desmoronamiento estructural del comunismo.

Sin embargo, paradójicamente, convive en estas circunstancias un contrapunto y a  la  vez una cierta fijación de la crítica actual por ensalzar objetivos del pasado para así coartar la creación del presente. Ese exceso de polvo que va de los museos a los críticos, trae consigo una falta de entendimiento sobre lo que se hace actualmente en el plano artístico. Y no será porque no haya profesores de estética en las universidades ni profesionales cualificados en los medios de difusión cultural especializados. Puede que la crítica se haya desentendido de consideraciones en torno a la conciencia que reflexiona sobre la manifestación del contenido objetivo, al tiempo que surge el eterno debate a partir de la compleja relación histórica entre un arte autónomo y el esencialismo de los criterios que envuelven su valoración. Benjamin, por ejemplo, rechazaba este arte dada su ilusión burguesa. En este sentido, su cometido estético trataba de eliminar la totalidad de la forma. Su espíritu crítico vivía obsesionado con los detalles, con los fragmentos, y cuestionaba el valor específico de la obra de arte. Y es de ese interrogante de donde el arte actual no ha sabido ni ha querido salir, garantizándonos el colapso y la falta de relación con otros lenguajes. Pero no nos dejemos engañar por las apariencias de una observación sesgada sobre la consideraciones de Benjamin y su apreciación romántica del aura que hoy por hoy no tiene mucho sentido más allá de su función teórica.

La crítica de arte está enferma de esclerosis, su degeneración puede palparse desde muchos frentes. No es nada nuevo que muchos artistas actuales, Joan Fontcuberta o Eulalia de Valldosera, hayan respondido contundentemente a un nulo interés por lo que éstos digan y aporten a sus creaciones. El crítico sigue estando en el último escalafón de la jerarquía, debajo de directores, coleccionistas, comisarios y artistas. Pocos críticos como Iván de la Nuez han sido tan lúcidos a la hora de denunciar la desaparición próxima de la crítica de arte.  En su artículo publicado en Babelia explica que hay todo un conjunto de temas dentro del gremio que dan sentido a la forma de articular el problema: “Que el trabajo de los críticos alcanza una escasa notoriedad y un limitado acceso a los circuitos pedagógicos. Que la mayoría de discursos circulan al interior de la tribu, en catálogos que sólo leen los entendidos. Que la presencia en los medios de comunicación es insignificante. Que en internet y sus blogs son mucho más importantes las noticias, opiniones y comentarios sobre ella que la crítica propiamente dicha. Que el mercado profesional, con su tapón generacional, depara un multiempleo de supervivencia donde el crítico suele ser, al mismo tiempo, juez, parte, sospechoso y culpable. Que la propia crítica contemporánea rebasa, y refuta, la tesis del artista como genio, mientras que los escritores de renombre que se aproximan al arte, con todos los medios a su disposición, persisten en la idea romántica del aura. Que el arquetipo de curator de éxito, en el que se fijan las nuevas generaciones, no ha necesitado una obra escrita para llegar a lo más alto y sufre una alergia crónica al ISBN…”


El artista era aquel que tenía la obligación de dejar huella. Ahora parece que vive perpetrado en su refugio y sólo quiere ser ensalzado primero para después perderse en un anonimato ambivalente. Cuando Baudrillard habla de un crimen perfecto en el arte o la moda, la ironía está servida en una incertidumbre donde solamente la mancha es lo perfecto, y, de alguna manera, lo único que está por encima de esa simulación es la muerte misma. En sentido contrario, a los críticos les queda abierta la posibilidad de existir y vivir más allá de los artistas a través del ensayo sobre arte que descarta la aparición de éstos en el papel. Si los artistas muestran tal descuido por la crítica y la desprecia desde la indiferencia, ensayarlos o inventarlos será el mejor antídoto en estos tiempos de descargas, facebook, myspace y virtualidad. De modo que el desenlace no ha hecho nada más que empezar  ¿A quien le importa la verdad o el museo del accidente de Paul Virilio? ¿Acaso hay que ser un nazi para reírse con Bolaño en su intento descabellado de presentarnos a Francis Bacon como el pintor de todos los muertos vivientes? ¿No habla Iván de la Nuez de la política en la sociedad artística y al mismo tiempo explica el postcomunismo a través de personajes como Sergéi Bubka en su Mapa de sal? Preguntas y dudas que nos asaltan, y ya que el tiempo no se puede detener y construirse una casa omnímoda es muy cara, el crítico sabe bien que de la cirugía plástica que practicaba Picasso a la de Orlan transcurren diez millones de trechos, pero está en su mano darle sentido a esa distancia, armarse de atrevimiento y buscar nuevas fronteras para que el lector disfrute liberándose de la desilusión y del etiquetado hiperrealista que no en pocas ocasiones margina a la crítica como parte del simulacro, una especie en extinción que aún camina entre la cultura visual y la cultura escrita.

BAUDRILLARD, J. La ilusión y la desilusión estéticas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1997.

BAUDRILLARD, J. El crimen perfecto. Editorial Anagrama, Barcelona, 1996.

DE LA NUEZ, Iván. El mapa de sal, Editorial Periférica, Cáceres, 2010.



  1. Otra de las cosas a tener en cuenta son las llamaditas de las editoriales a los medios donde se anuncian. Money, money, money…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: