Colectivo Digital Creativo

Pierre Menard o las paradojas de ficción en la inventiva literaria

In micro Críticas on 06/03/2010 at 19:32

 

El concepto de apropiación en la literatura puede entenderse como una proyección inevitable hacia sus referentes, hacia la obra que se imita, aquella que dialoga, en definitiva, con la original. Podríamos plantear, entonces, la inutilidad trascendental de la literatura que subyace en Pierre Menard. Esa especie de resignación sobre la inventiva de Borges, de Menard, de la imposibilidad de obra “visible”, pues la obra invisible, es decir, los capítulos 9 y 38 de la primera parte del Quijote, ya no existen, sus borradores se han perdido, por lo tanto, no disponemos de los originales. Borges apunta tal vez hacia la falta de cortesía con la cultura, abundan los libros o quizá la inteligencia literaria adolece de incontables excesos. Pierre Menard es ante todo un lector que escribe sobre lo que lee. Como escritor concluye que ha leído a Cervantes sí, pero en la vida literaria del siglo XX, desde una experiencia personal que incluye un revisionismo de la historia. En cierta forma, existe un orden imposible sobre la tradición que termina perfectamente en una empresa inútil. Borges se anticipa a los postulados sobre la estética de la recepción, la semiótica o la deconstrucción. De ahí la crítica implícita de su obra “visible” y su tono paródico sobre la creencia de Wilkins, Leibniz, Descartes y Llull en la posibilidad de construir un catálogo verdadero y ordenado en el mundo. No sabemos si Menard leyó bajo sospecha a Macedonio Fernández o si como apuntan algunos erróneamente, Macedonio más bien parece una creación borgiana. En cualquier caso, Menard parece comprender sus paradojas ficcionales, sus tautologías de no-hacer en el todo, la invención de una nueva dignidad o, lo que puede ser lo mismo, la “invención por acto”, asociada a sus elucubraciones sobre la nada, lo no existente y el vacío[1]. Esta fijación del relato tal vez procede de un marcado esteticismo del lenguaje, un idealismo metafísico de su creador y, finalmente, de la fatalidad de morir en el intento de búsqueda, en la representación de un orden ilusorio y realista  del mundo. De esta forma, se cristaliza la imposibilidad del arte como representación, se niega el pacto mimético, la imitación de la realidad.

Efectivamente, la literatura quizá sea una cadena en la que todo autor toma siempre algo prestado de otro. No es casual, por tanto, que este relato de Borges sea considerado  por  John Barth como un texto clave de la postmodernidad. Según Barth[2], lo es, entre otras cosas, porque “coloca un texto en una nueva situación pragmática para producir automáticamente nuevos significados en los mismos significantes”. El papel del lector, o mejor dicho, la invención del lector, resulta decisiva para completar un relato que se mueve entre el ensayo y el cuento. Menard cree en realidad que existe un sentido verdadero de la obra literaria. Para él el sentido de una obra literaria no existe independientemente del contexto en el cual dicha obra es colocada. Borges, sin embargo, no introduce un personaje cervantista al uso para su relato. Pierre Menard condena aquellas imitaciones cuya justificación estaba en “el plebeyo placer del anacronismo”, es decir, el autor, en cierta forma, satiriza a todas las recreaciones quijotescas de los últimos siglos. Su intención es librar a la obra de Cervantes de todas esas continuaciones de poca importancia y pretensiones fallidas que en boca de Menard son “carnavales inútiles”[3]. Por ello, y sin cambiar una sola coma del original, su relato es ya una obra distinta, más bien un testimonio que quiere retrotraernos al goce limpio de la creación original, como él lo siente, al margen de superposiciones y enlaces cuya ardua tarea de reconstrucción del original parece abocada al fracaso.

Después de lo expuesto anteriormente, parece evidente la contribución de Pierre Menard al campo de la intertextualidad, es decir, a la relación crítica que tiene un texto con otro. Umberto Eco plantea el problema del teorema textual, la aportación clave de un supuesto lector ideal que interpreta el texto desde una posición contradictoria, paradójica, que postula su ejercicio desde una suerte de palimpsesto universal en un sentido que establece nociones de igualdad entre la conexión de las cosas y la conexión de las ideas. Umberto Eco se jacta de haber escrito El nombre de la rosa desde un interminable sistema de citas. Igualmente, Borges reconoce que ha extraído muchas ideas de Los viajes de Gulliver (1726), frases enteras inclusive, para construir  El informe de Brodie. Es responsabilidad del lector, finalmente, descifrar esta aseveración decididamente apócrifa que trabaja, según Borges, desde la memoria, más exactamente desde el olvido que se produce en el ejercicio crítico de reescritura en cualquier obra literaria.


[1] FERNÁNDEZ, Macedonio. Manera de una psique sin cuerpo, Ed. Tusquets, Barcelona, 2004.

[2] STAUDER, Thomas. Relaciones literarias entre Jorge Luis Borges y Umberto Eco. Art. El postmodernismo en Eco y Borges. Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha, Cuenca, 1999. Pág. 210.

[3] CARILLA, Emilio. Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard (Y otros estudios borgianos), publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1989.  Pág. 67.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: