Colectivo Digital Creativo

Efectos corporales en la invención televisiva. Quad I+II, una obra de Samuel Beckett.

In Arte, micro Críticas on 21/02/2010 at 00:10
Cuando se cita a Samuel Beckett, tal vez  se hace siempre desde la producción literaria y su citación hasta el hartazgo de Esperando a Godot como la obra más representativa del teatro del absurdo. Si bien esto en parte es ineludible, sus obras musicales, teatrales y fílmicas parecen estar relegadas a un segundo plano. Beckett escribió programas para la radio, realizó el guión de una película (Film, 1964) y compuso varias piezas para la televisión. En 1981 realiza Quad, una compleja obra minimalista cuyos elementos giran en torno al número cuatro. Una poética matemática para cuatro intérpretes que se mueven a través de las diagonales de un cuadrado sin llegar nunca al contacto entre ellos. El único punto marcado del cuadrado es el centro, denominado como la zona de peligro, este punto constituye la frontera, el espacio prohibido que a menudo resulta siniestro y ningún intérprete osa pisar. Quad es una obra marcadamente minimalista, indaga en la geometría del espacio, cuatro son los actores, iluminados por cuatro focos de diferentes colores, sujetos al ritmo de la percusión  de cuatro sonidos distintos. Fijación matemática que se repite en el corte  simétrico de las túnicas que visten los actores y en el ritmo de sus pasos, uno por segundo, así como en la posición de la cámara que graba y retransmite para la televisión. Beckett prescinde de los muchos recursos visuales propios de la edición de vídeo, es decir, pantallas divididas, congelación de la imagen o el uso del zoom.  No se trata de una composición teatral destinada al cómodo consumo televisivo, es, sin embargo, una relación de transferencia escénica al medio televisivo y su posible reinvención corporal a través de una depuración extrema de los elementos expresivos, manifestando un ejercicio de búsqueda experimental, un camino de intersecciones semánticas entre la escritura literaria y la imagen.
En Quad, los cuerpos parecen estar condenados a no tocarse físicamente, si bien Beckett plantea una organización de la falta de sentido, su elección por el plano de conjunto obedece a una percepción de totalidad dentro de la cual se produce una hipótesis, una imagen-acción[4]. Deleuze dirá “Quad es un espacio con silencio” y parte de sus consideraciones sobre las piezas para la televisión de Beckett, parten de la idea del agotamiento de las palabras y la consiguiente intención, por tanto, de sobrepasar el lenguaje mediante la aspiración a una imagen pura, dada la falta de necesidad de las palabras si entendemos el lenguaje como un problema, como una trampa diría Lacan, en tanto éste queda situado en una categoría de inferioridad frente al medio televisivo. En Quad, efectivamente, el espectador termina situando su campo de visión en el centro, alrededor de una situación que conceptualiza una espiral. Beckett cambiará las reglas del experimento en Quad II, la imagen se invierte al blanco y negro, se suprime el sonido de los instrumentos por el sonido distorsionado de los pasos, la imagen queda congelada y el tiempo de la pieza pasa de quince a tan sólo cinco minutos. La sensación de bucle infinito permanece intacta y confirma una suerte de espacio escénico que explora y reflexiona sobre lo imaginario y lo abstracto, especialmente, sobre los efectos corporales y emocionales que la obra proyecta en el espectador.

[4] DELEUZE, Guilles. La imagen-movimiento, Ed. Paidós Ibérica, Barcelona, 1986. Glosario. Pág. 301-302.

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