Colectivo Digital Creativo

Cuerpo y arte de acción. Sodoma o la desilusión corporal

In micro Críticas on 17/02/2010 at 13:05

Acercarse al accionismo vienés[1], desde la palabra, y pensando en imágenes, conlleva cierta desorientación, ya que su imagen y su relación de transferencia con el cuerpo está asociada al exceso, a una barroca exageración formal que enfatiza la opresión física y mental del ser contra sí mismo. Si a lo dicho anteriormente, sumamos, cierta dispersión del material de estudio, sólo nos queda entender este análisis como una aproximación hisotriográfica a las prácticas performativas del grupo (citaremos a Nitsch, Brus, Mühl y Schwarzkogler como máximos exponentes) que van de 1965 a 1970. Los planteamientos artísticos del accionismo se enmarcan en la corriente de movimientos corporales que, como fluxus, happenings y body art, se extendieron desde los años sesenta por EEUU y países europeos como Alemania, Italia o Francia.

El grupo decide desde 1964 incorporar fotografía y vídeo a sus acciones, entre otras cosas, porque el grado de provocación y radicalidad de las acciones chocaba frontalmente con el conservadurismo de las autoridades. Es inicialment el artista experimental Kurt Kren quien graba sus acciones (Ej. Mamá y papá de Mühl o Automutilación de Brus). En un folleto titulado Film y Materialaktion, 1968, Mühl aclara:
“Las acciones no estaban especialmente diseñadas para la cámara, sino más bien para su presentación pública. Se hicieron películas que usaban la acción como base, pero no eran completamente idénticas a ellas.”

Tal vez, Kurt Kren, no era consciente de que al sustituir cortes y montajes de las secuencias, estaba convirtiendo la acción grabada en una videocreación o en una película propia que iba más allá de la mera documentación audiovisual. Es decir, no podemos hablar del cine al margen de la acciones, ni de la acciones alejadas de las filmaciones.
Más allá de estos registros, un ejemplo de actividad cinematográfica dentro del movimiento del accionismo vienés, es el llamado Cine de Arte Directo. Destaca sobre todo la actividad cinematográfica de Otto Mülh, presentado como un maestro del morbo a través de visiones desangeladas donde la ansiedad y el conflicto tienen un tono provocador. No olvidemos que la sociedad vienesa era estructuralmente conservadora y estos artistas buscaban “crear en el arte” y huir de la representación formal.
La película Sodoma (Otto Mühl, 1969), tal vez sea la obra más singular y la que, de alguna forma, aglutina esa serie de obsesiones abyectas siempre presentes en el accionismo vienés. Es una grabación en color, con un montaje rápido y desordenado que obedece a la yuxtaposición de las acciones, con música de orquestación romántica y donde son frecuentes las penetraciones, felaciones, lluvias doradas, defecaciones, enemas, masturbaciones y otras “lindezas sexuales” que tienen su origen en el sadismo. La subversión es total, y la crítica de fondo recae en la doble moral de la sexualidad burguesa. Saló o los 120 días de Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975), se ofrece como clara deuda de las películas del accionismo,  de ésta en concreto, en cuanto explora lo abyecto y se devanea entre el agotamiento y la desilusión coporal.
Ver Sodoma
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[1] SOLANS, PIEDAD. Accionismo vienés, Ed. Nerea, Hondarribia (Guipúzcoa), 2000. Pág. 82.

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